El plano de inmanencia puede entenderse como el espacio en donde se encuentran los conceptos. El plano literalmente es un plano como podría entenderse matemáticamente, la superficie en donde se da el “movimiento infinito”, entendiendo acá por “movimiento infinito” la imagen constituyente del pensamiento, o sea la manifestación del pensamiento, el pensamiento como acción. Alejándome tal vez un poco, el plano de inmanencia es como ese espacio limitado del caos en donde se encuentran los conceptos y en donde el filósofo se mueve; si se entiende la filosofía como un relato el plano de inmanencia sería ese mundo narrativo en el cual nos encontramos con los personajes (conceptos) en los cuales se basa el filósofo para exponer su historia o discurso. Aunque Deleuze en el segundo capítulo del libro emplea símiles que me resultan familiares desde un punto de vista matemático y físico, siento que mi comparación con al arte de la literatura encaja.

Algo importante alrededor del plano de inmanencia es su carácter prefilosófico y el significado que para el filósofo francés tiene ésta palabra; pues el carácter prefilosófico del plano no le confiere esa preexistencia independiente de la filosofía, sino que al contrario lo amarra a ella. El plano de inmanencia existe sólo dentro del campo de la filosofía pero a su vez no es filosófico. Es el campo que recorre el filósofo.

Una característica del plano de inmanencia es el movimiento tanto en los elementos del plano como en los conceptos y es justamente a causa de este movimiento que el plano se va hojaldrando, se va ahuecando.  Y llega incluso a tejerse planos dentro de otros